Esta barra de cocina elaborada a partir de Cedro macizo recuperado, procedente de árboles caídos por el viento en la Casa de Campo de Madrid. Esta procedencia define su carácter, su densidad visual y la huella material que la madera conserva incluso después de ser transformada.
El tablero mantiene el borde natural tipo “gema”, respetando la geometría original del tronco. Esta decisión constructiva no busca suavizar la materia, sino dejarla hablar con su propia forma. El resultado es una superficie que combina precisión funcional con una presencia orgánica, donde cada irregularidad forma parte de su estabilidad visual.
La pieza se apoya sobre una estructura de hierro forjado lacado en negro mate, diseñada para aportar firmeza sin restar protagonismo a la madera. Incluye además una escuadra metálica de anclaje a pared, que refuerza la estabilidad del conjunto y permite su integración tanto en cocinas domésticas como en espacios de uso intensivo.
El acabado se realiza con aceite vegetal ecológico de alta dureza, que protege la superficie sin crear una película artificial. Esto permite conservar el tacto real del Cedro, su poro abierto y su lectura visual natural, a la vez que garantiza resistencia en el uso diario.
Más allá de su función como barra, esta pieza actúa como punto de transición entre trabajo y convivencia. Es una superficie pensada para acompañar el uso cotidiano sin imponerse, integrándose en el espacio con una presencia serena y materialmente honesta.













