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Cedro del Atlas: una madera recuperada con historia de Madrid

Cedro del Atlas: una madera recuperada con historia de Madrid
El Cedro del Atlas (Cedrus atlantica) es una especie capaz de alcanzar grandes dimensiones y vivir durante siglos. Originario de las montañas del Atlas, en el norte de África, ha acompañado durante generaciones a parques y jardines de diferentes lugares del mundo gracias a su porte majestuoso, su resistencia y su capacidad de adaptación.
En Sintala trabajamos con una partida muy especial de esta especie: madera procedente de varios ejemplares que durante décadas formaron parte del paisaje de la Casa de Campo de Madrid.
Estos árboles crecieron en uno de los espacios naturales más importantes de la capital, un lugar con una historia que se remonta varios siglos atrás y que ha sido testigo de la transformación de la ciudad. Algunos de estos Cedros acompañaron a varias generaciones de madrileños y permanecieron allí durante acontecimientos históricos que marcaron Madrid, incluida la Guerra Civil española.
En 2018, una fuerte tormenta provocó la caída de numerosos árboles dentro del parque. Entre ellos se encontraban varios Cedros del Atlas que, después de décadas formando parte de ese paisaje, dejaron de ser árboles vivos para comenzar una nueva etapa.

El Cedro del Atlas: un árbol de montaña
El Cedrus atlantica pertenece a la familia de las Pináceas y es una de las cuatro especies reconocidas dentro del género Cedrus, junto al Cedro del Líbano (Cedrus libani), el Cedro del Himalaya (Cedrus deodara) y el Cedro de Chipre (Cedrus brevifolia).
Aunque hoy es habitual encontrarlo en parques y jardines europeos, su origen se encuentra en las cordilleras del Atlas, principalmente en Marruecos y Argelia, donde crece en zonas montañosas sometidas a condiciones exigentes.
Son árboles adaptados a entornos donde deben convivir con inviernos fríos, periodos de sequía, suelos pedregosos o grandes variaciones de temperatura.
Esta adaptación explica parte de las características que encontramos posteriormente en su madera: una estructura resistente, estable y capaz de conservar su personalidad durante décadas.
Un árbol capaz de vivir durante siglos
Una de las características más fascinantes del Cedro del Atlas es su longevidad.
Como ocurre con muchos árboles de crecimiento lento, cada ejemplar es un registro del tiempo que ha vivido. Sus anillos de crecimiento guardan información sobre las condiciones ambientales de cada etapa: años de mayor crecimiento, periodos secos o cambios en el entorno.
Cuando trabajamos con madera procedente de árboles antiguos, no estamos únicamente trabajando con un material. Estamos transformando una historia biológica que comenzó mucho antes de llegar al taller.
Cada veta, cada cambio de tonalidad y cada irregularidad natural forman parte de ese recorrido.

Una madera con una identidad propia
El Cedro del Atlas tiene una apariencia muy característica que lo diferencia de otras coníferas.
Su color puede variar desde tonos amarillos y dorados hasta naranjas más intensos, creando contrastes naturales dentro de una misma pieza. Estas variaciones no son defectos, sino una consecuencia directa del crecimiento del árbol y de las diferentes zonas que forman parte del tronco.
Con el paso del tiempo y la exposición a la luz, la madera puede evolucionar, adquiriendo matices más profundos y cálidos.
Su veta suele presentar líneas claras y marcadas, aunque cada árbol desarrolla sus propios patrones. Al trabajar con troncos completos recuperados, aparecen además características propias de cada ejemplar: cambios en la orientación de la fibra, zonas de transición entre madera temprana y tardía o pequeñas marcas que hacen que cada pieza sea irrepetible.
Una de las particularidades más conocidas del Cedro del Atlas es su aroma natural. La madera contiene aceites propios de la especie que producen ese olor intenso y característico que puede permanecer durante años.
Aunque pertenece al grupo de las coníferas, el Cedro del Atlas presenta unas características propias que lo diferencian de otras especies más habituales dentro de este grupo.
Su madera destaca por una buena estabilidad y una sensación compacta, con una densidad superior a muchas coníferas utilizadas habitualmente. Como ocurre con cualquier madera natural, sus características pueden variar según el árbol concreto, su crecimiento y las condiciones en las que se desarrolló.
Una curiosidad: no todos los “Cedros” son verdaderos cedros
El nombre común puede generar cierta confusión.
En el mundo de la madera existen muchas especies denominadas comercialmente como “Cedro”, pero no todas pertenecen al género Cedrus.
El Cedro del Atlas (Cedrus atlantica) sí forma parte de los llamados cedros verdaderos, al igual que el Cedro del Líbano o el Cedro del Himalaya. Sin embargo, otras especies conocidas popularmente como cedros, como el Cedro rojo occidental (Thuja plicata), pertenecen a géneros completamente diferentes.
Conocer el nombre científico permite entender realmente qué árbol hay detrás de cada madera.

Del árbol completo a una nueva historia
Una de las particularidades de esta partida de Cedro del Atlas es el formato en el que llegó nuestros talleres.
Los árboles procedentes de la Casa de Campo no llegaron como pequeños restos, piezas seleccionadas o madera industrializada. Llegaron como árboles completos, conservando la estructura original de sus troncos.
Trabajar con árboles completos permite descubrir toda la información que contienen. Cada tronco muestra sus propias características: zonas de crecimiento, cambios de color, nudos, formas naturales y marcas que cuentan parte de su historia.
Antes de convertirse en una pieza de mobiliario u objeto, estos Cedros del Atlas fueron parte de un paisaje compartido por miles de personas, testigos silenciosos de una ciudad que cambiaba a su alrededor.
Cuando un árbol cae, su historia no tiene por qué terminar. La recuperación de su madera permite conservar una parte de ese recorrido y trasladarlo a nuevos espacios.
Porque la madera no es únicamente un material.
También es tiempo, territorio y memoria.
